Los estudios artísticos exigen tener rango universitario

«Lo que queremos es ser normales». Quien formula este deseo, tan simple en apariencia, es Carmen Giménez, responsable de Educación de la Federación Española de Profesionales de la Danza. Tiene un motivo: lograr que las enseñanzas artísticas –léase Música, Arte Dramático, Danza, Canto, Cinematografía y Restauración– se conviertan en títulos universitarios.
Opina que la creación del Espacio Europeo de Educación Superior equivale a una gran oportunidad, ya que debe establecerse un nuevo catálogo de las carreras oficiales que se impartirán en España. Danza o Canto bien pueden ser algunas de ellas, según Giménez. La docente lo tiene claro: «Conseguirlo es ya algo imparable
».

 

ISABEL GARCÍA

Los profesionales de estas disciplinas –cuentan con más de 10.000 alumnos en toda España– se miran en el espejo de Bellas Artes, que se transformó en licenciatura en plena Transición, allá por 1978. Fue entonces cuando el Gobierno de la extinta UCD asumió una reivindicación histórica de los llamados artistas plásticos. En cambio, los de la rama escénica se quedaron en el camino. «Es un agravio comparativo que no se da en el resto del mundo, donde sí existen facultades de Teatro o Danza», continúa Giménez. Aquí, la relación con la universidad se limita a títulos propios, posgrados o masters, y su número es reducido.

Los propios decanos de las facultades de Bellas Artes españolas han firmado un manifiesto apoyando a sus colegas y pidiendo su rango universitario.

Lo que sí consiguieron las enseñanzas artísticas en 1990 –al aprobarse la LOGSE– fue la equiparación de los títulos de grado superior a licenciaturas universitarias.

Hubo una excepción: la Danza no logró la homologación. «Es otro agravio más, que obliga a los profesionales de la Danza que se titularon antes del 90 a volver a examinarse», denuncia Giménez. Aun así, los centros donde se imparten las enseñanzas de carácter artístico –incluida la Danza– se siguen rigiendo por las normativas de los estudios de Secundaria.

Álvaro Zaldívar, catedrático de Estética e Historia de la Música en el Conservatorio de Murcia, analiza la problemática: «Espero que se armonice de verdad con una adecuada consideración de los centros, enseñanzas, docentes y discentes, ya que, en caso contrario, seguiremos con la esquizofrenia de ser centros que otorgan licenciaturas, pero gestionados desde las instancias educativas que se encargan de los institutos de secundaria, como sucede por falta de un adecuado desarrollo legislativo».

HOMOLOGACIÓN DE TÍTULOS. El catedrático, junto al resto de colegas, apuesta por crear una Ley de Enseñanzas Artísticas que dé autonomía a los centros donde se imparten. De esta forma, sus responsables podrían firmar convenios con instituciones extranjeras, homologar títulos o contratar al profesorado, algo para lo que ahora no están capacitados. La conversión en facultades pondría fin a estos problemas. «No sólo es conveniente sino necesario que estos estudios sean considerados, conforme al nuevo modelo del Espacio Europeo de Educación Superior, títulos de Grado e incluso Posgrado», añade Zaldívar.

El docente cree que una buena solución para integrarlos en la educación superior sería la creación de una «universidad poliartística», como ya sucede en Alemania. Un informe de la Asociación Española de Centros Superiores de Enseñanzas Artísticas así lo estimó. «Si no se puede hacer, la única solución que queda –y no es mala si se hace con atención y generosidad– es incluir tales estudios en la universidad general», señala el catedrático.

Después, serían las comunidades autónomas las que decidirían si incluirlos en unas facultades u otras. La Universidad Politécnica de Valencia está estudiando ya la posibilidad de crear una Facultad de Artes Escénicas, en la que se impartirían clases de Música, Danza y Arte Dramático.
Mientras, cada una de estas áreas se encuentra con problemas específicos. Los músicos se quejan de que la Ley de Calidad limita sus horas de clase en colegios e institutos. El gremio teatral, de intrusismo. Y los restauradores reclaman, por su parte, que su título equivalga a una licenciatura y no a una diplomatura, como les ocurre ahora.